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Resumen

Miguel Ángel Carcelén

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Se supone que soy yo quien , en las virtuales páginas de este cuaderno, os presento a la gente que quiero... Se supone que soy yo el que escribe y, a lo sumo, os dejo leer algo de lo que me emociona.

Hoy sin embargo, para daros a conocer a Miguel Ángel Carcelén (que ya ha sido mencionado otras veces y que, como muchos sabéis, antes fue un escritor al que edité y ahora es un editor que me publica), voy a recurrir a las palabras de otro, a lo que sobre él escribió en su blog, David Melar (DaviDelsur)...

 

"De la casa de Miguel Ángel Carcelén Gandía salen de viaje las palabras. A ella llegan sólo como letras, por las escaleras hasta el tercer piso, pero allí las une como el aire a las corcheas, la única posible argamasa de las arquitecturas etéreas: la voz solidaridad. Antes de seguir hablando como si hiciese castillos en el aire, tengo que decir que Miguel Ángel es el director de Publicaciones Acumán, la única editorial solidaria del mundo. Una editorial que recibe un manuscrito, lo valora. Si es publicable paga la edición, lo vende. Envía el importe íntegro de la venta del libro, al proyecto de la ONG con la que se ha comprometido ese año, lo cimienta. De un tercer piso de una calle de Toledo donde nadie lo diría, hay muchas cosas que decir: allí llegan las letras que quieren hacerse palabras, y se hacen sinfonía.

 

"Un 3º A cuyas ventanas dan a un Tercer Mundo. En casa de Miguel Ángel Carcelén Gandía, hay ladrillos para Mozambique en el salón; hay semillas y fertilizantes para Nigeria en la cocina; hay lápices y páginas para los niños de Colombia en la mesa de su habitación; hay microcréditos para campesinos paraguayos en el cajón de la mesilla; hay cajas de medicinas para los centros de Malawi, que están en el pasillo, como si fuesen las paredes de su casa periferias de salud para todo el mundo. El mundo es un pañuelo en la estantería de Miguel Ángel.

 

"Las conversaciones de la casa de Miguel Ángel Carcelén Gandía llegan a los sitios donde menos palabras llegan; ven; y vencen.

 

"Porque Miguel Ángel no vive escribiendo, sino que escribe viviendo. Ver lo que hace con tus propios ojos, es leer la vida a la cara, sin traducción. Yo tengo la suerte de tener el único ejemplar del libro en que lo cuenta, porque soy su amigo y, como con los libros de los que echo mano cuando necesito saber algo, sé que puedo contar con él si alguna vez le necesito. Porque él es así.

 

"Él destina el importe íntegro de todos los premios literarios que gana, a proyectos en el Tercer Mundo. Gana varios concursos todos los años. Ha ganado más de 200 en toda su vida (la máquina de la verdad: podéis buscar en Google si no lo creéis). Miguel Ángel, del mismo modo que se viste de payaso (pero se viste sin disfraces seudónimos) para arrancar una sonrisa de la cara de algún niño enfermo, se viste de papel: del papel de regalo con que envuelve los paquetes de material que envía a miles de kilómetros. En realidad, son los miles de kilómetros quienes lo envuelven a él, porque él es el regalo. Ya digo que Miguel Ángel no vive escribiendo: escribe viviendo. Él nunca escribe/vive para él: siempre está escribiendo las obras completas de la vida de quienes más lo necesitan.

 

"Dulce Chacón dijo de ti, Miguel Ángel: “su prosa conmueve”; Almudena Grandes: “sus argumentos enganchan de principio a fin”; Alfonso Ruiz de Aguirre: “su literatura es esencialmente comprometida”.

 

"Yo digo que tu prosa, tus argumentos y tu literatura, son tú. Tú eres quien de verdad conmueve, quien engancha de principio a fin y quien tiene la esencia del compromiso en la profundidad del corazón".

 

...

 

"Por la sencillez que muestras con todos los que tenemos la suerte de conocerte y tratar contigo: solamente gracias, Miguel Ángel.

 

"Por la humildad que tienes, la humildad que gastas sin gastar: gracias por nada, Miguel Ángel. Con el nada quiero decir que no te doy las gracias por algo en particular. Que, como al prisma que digiere todos los colores en un blanco único, quiero decirte gracias sólo porque sí. Porque, como en el prisma, en ti entran todas las letras del mundo, y salen comprimidas en una sola palabra, la palabra absoluta: solidaridad.

 

"Gracias por inventarte eso que en ningún sitio conocen: una editorial solidaria. GRACIAS POR ACUMÁN."

 

    Os aseguro que yo podría firmar perfectamente lo que acabáis de leer... Pero no hubiera sido capaz de escribirlo así de bien.

04/02/2007 21:34 Autor: ramondeaguilar. ;?> Hay 2 comentarios.

Entrega de premios (06.02.2007)

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El sábado nos reunimos en Villatoya para hacer la entrega de los Premios Literarios “Emilio Murcia”, que se habían fallado (como ya os conté) el 23 de septiembre. De los miembros del jurado sólo vino Ana (Anichuí), pero también estaban algunos de quienes me ayudaron con las lecturas previas: Dolores y Nacho, Noelia, Ramona… No faltaron los ganadores, Fernando Flórez, de poesía, que viajó desde Asturias y Santiago Casero, que llegó desde Alcázar de San Juan con su encantadora familia. Vinieron también los dos mencionados de Valencia, Rafael Camarasa (de quien ya compartimos el poema Cerezas en este blog) y Miguel Ángel Ríos Padilla (“Ángel Padilla” para sus lectores), alguno de cuyos geniales dibujos tengo que mostraros un día, acompañado de su mujer y de su musa, Valentina di Nícola.         “Perdonadme –les dije--, si por amor a la lengua latina, a la lengua castellana y al resto de las lenguas romances, no digo amigos y amigas o, lo que aún sería peor, amigos barra as” En realidad quería decir “amigos/as” o, incluso, “amig@s”, pero eso no podía pronunciarlo, así es que continué señalando que estábamos poniendo punto final a la IX Edición del Certamen Literario Emilio Mucia, los premios de poesía y cuento de Villatoya. Son nueve ediciones pero, en realidad, han transcurrido ya once años desde que, en el verano de 1996 se convocaran por primera vez. Los cambios de fechas que se han ido produciendo en sucesivas convocatorias han hecho que, al revés que Fileas Fog que perdió un día de su cuenta dando la vuelta al mundo, nosotros hayamos ganado dos años convocando a los narradores y poetas, leyendo los miles de cuentos y poemas que, desde todos los rincones de España, y aún del mundo, han enviado hasta ese pueblo de Albacete, tan pequeños que algunos de quienes escriben no sabrían encontrarlo en el mapa…         Y diez años cumplidos, camino ya de los once, son un buen momento para pararse a rememorar y hacer balance. Así es que lo hice:“Tuve la suerte ser Concejal de Cultura en aquellos años tan difíciles para nuestro pueblo; y serlo, además, con Camilo como alcalde, quien (no sé si por sabio iluminado o por loco soñador), en mitad de días tormentosos me invitó a trabajar con él para que me ocupara de promocionar la cultura; pues en la cultura veía el futuro y, sin ella, (pensaba acertadamente), de nada serviría cualquier otro logro. Junto a él, quien, sin ser concejala de Villatoya, hacía las funciones de tal con una ilusión digna de admiración: Inés Picazo. Inés, desde su puesto de auxiliar administrativo, yendo más allá de todas sus obligaciones, sin escatimar tiempo ni dedicación, apostó por todo lo que enriquece el alma, aunque no dé inmediatos beneficios materiales: la cultura, el asociacionismo, el voluntariado… Y llegó también, en el momento oportuno, la propuesta de Maribel Rubio, ofreciendo una cantidad de dinero para que, en la escuela, se creara un premio en memoria de Emilio Murcia; quien, además de haber sido su marido, su compañero y su cómplice, había sido un hombre bueno nacido allí… Siempre que lo menciono hago hincapié en lo de “hombre bueno” (el único de sus méritos que figura en la plaza que lleva su nombre), porque lo que he aprendido de él a lo largo de estos años es que, por encima de sabio, que lo fue; de político comprometido, que lo fue; de soñador, que lo fue… por encima de todo, fue un hombre bueno que como tal dejó recuerdo en quienes lo conocieran, ya fuera como vicerrector de universidad, como catedrático, como consejero del Principado de Asturias, como sindicalista o como director del Instituto Geográfico Nacional… sólo por citar algunas de las tareas de las que se ocupó en su corta vida… Un cúmulo de circunstancias y coincidencias que me empujaron a llevar una propuesta al pleno del Ayuntamiento y que, una vez aprobada, supuso la convocatoria de aquel I Certamen que a todos nos sobrepasó: tres veces más obras presentadas que habitantes había en aquel momento en Villatoya, la visita de escritores de excepción (como Fernando Lalana, premio Nacional de Literatura y de Rodrigo Rubio, premio Planeta) y tres primeros premios de los que dejan buen sabor de boca.”         A los nombres de aquellos tres primeros ganadores: Luis Leante, en novela (en los primeros tres certámenes también se convocó esa modalidad); María Cristina Rodríguez Tuero, en poesía, y Florián Recio en relatos; siguieron los nombres de muchos autores, hoy apreciados por los lectores y que, en sus currículos y en las solapas de sus libros, pasean el nombre de Villatoya y el del Certamen, Emilio Murcia, por todas las librerías, bibliotecas y hogares en los que se ame la lectura. Estoy pensando, entre otros, en el asturiano Pepe Monteserín, la pacense Francisca Gata, nuestro paisano Miguel Ángel Carcelén, el aragonés Oscar Sipán, el gaditano Félix J. Palma Macías, el valenciano José Montoro, la madrileña Beatriz Jiménez de Ory… y así, entre premiados y finalistas, hasta un total de 50 que, con los galardonados esa tarde, llegaron a los 56… 56 autores a quienes corresponden otras tantas historias, cientos de personajes con los que conmoverse, con los que reír o llorar… cientos de versos que hacen florecer todo tipo de sentimientos (desde la melancolía a la rabia, desde el deseo más ardiente a la desazón, desde la nostalgia de la infancia perdida a la esperanza de un mundo mejor)… Cenicientas modernas (más de una), peluqueros obsesivos, amantes condenados al silencio o hermanas que no pueden escapar del odio que las liga, náufragos y mendigos del amor, curas mafiosos (también más de uno), cobardes toreros y niños tan malvados como los de la vida real, personajes secundarios de obras famosas (Don Quijote o El diablo Cojuelo), escapados para vivir su propia aventura…Soldados que vuelven después de la derrota… Literatura en suma que os invito a gozar con la lectura de las obras premiadas porque, año tras año, convocatoria tras convocatoria, el Ayuntamiento de Villatoya, en otro rasgo de generosidad, las ha ido editando para que todo el mundo pueda disfrutarlas… Por eso no os cuento más, os propongo que leáis. ¿Cómo? Pues muy sencillo, sólo tenéis que pedidme un ejemplar y yo os lo mando.

06/02/2007 23:07 Autor: ramondeaguilar. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Pleamares de la vida (21.02.2007)

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Después de mucho tiempo, volví a leerme una novela de Agatha Christie. Fue un día en el que estuve enfermo… Bueno, han pasado ya dos o tres semanas de aquello y tampoco fue tanto (lo de la enfermedad): congestión nasal, dolor de cabeza y de garganta, unas décimas de fiebre… me tuve que quedar una mañana en casa, más que nada porque el malestar me había hecho pasar una mala noche… Cuando me espabilé, y con la intención de seguir todo el día en cama, me cogí una novela de esta autora inglesa, dispuesto a leérmela de un tirón, como cuando tenía quince o dieciséis años y me pasaba toda una tarde de verano (a esa edad la siesta era un suplicio), enfrascado en los casos que tan ingeniosamente resolvía Hércules Poirot… Desde entonces no había sido capaz de aguantar otro de estos relatos hasta el final, ni siquiera de releer Diez negritos, que siempre había considerado como el mejor. ¿Por qué volver a intentarlo? Supongo que por el recuerdo que me quedó de aquella época… o de cuando, siendo más pequeño, leía en la cama los tebeos de Tintín (siempre pensé que “Milú” era el perro ideal y quise tener uno igual… luego, cuando pude haberlo conseguido, supe que los de esa raza son malhumorados y poco cariñosos); y sobre todo porque una vez, estando Chima enferma en Ayora, mientras velaba su sueño, leí por primera vez a Isaac Bashevis Singer, al que ya mencioné en estas páginas. Desde entonces parece que asocio el tener que guardar cama con lecturas placenteras.

            Pues resulta que ésta, Pleamares de la vida (la novela que escogí así al azar), no sólo se dejó leer hasta el final sino que incluso me gustó y, pese a que mientras pasaba sus páginas, no podía dejar de ser crítico con la estructura argumental, el abuso de los tópicos y hasta los prejuicios que la autora deja traslucir, también me sorprendían el retrato psicológico de algunos de los personajes y la dosificación de la intriga (que no siempre resulta tan acertada en las novelas policíacas)…

            Claro que yo no escribo aquí para hacer crítica literaria, ni voy a recomendarle a nadie que se enfrasque en la lectura de Pleamares de la vida (aunque sí en las aventuras de Tintín o en los realatos de Isaac B. Singer)… Si cuento todo esto es para narrar al hilo otras cosas, como lo de que estuve enfermo (o que ahora lo está Natalia), como que la primera vez que vi una novela de la Biblioteca Oro (la colección a la que pertenece la edición con la que ilustro estas letras), fue en casa de mi tíos José María y Carmina y, aunque yo era muy niño (tal vez aún no había nacido su hijo Pablo, a cuyo blog Cuentos de burdel tenéis un enlace permanente aquí al lado), me quedé fascinado con aquellos colores de la portada, con aquellos dibujos que (como los cuadros que anunciaban la película del domingo en el cine Rex), ya nos estaban adelantando la historia que encerraban aquellas páginas que olían a buhardilla, a trastienda, a mesa camilla… tanto me impresionó que todavía las recuerdo y, de hecho, aunque no son cómodas para leer, siempre he buscado sus ejemplares por rastros y librerías de viejo.

            Sin embargo yo seguí estas intrigas en una edición posterior (y este es ya otro recuerdo), aunque también de la editorial Molino, que es en las que llegaron a Casas Ibáñez, cuando se abrió la biblioteca… En alguna ocasión tendré que contar aquel primer día (aquella primera tarde), en la que se abrió al público y éste se apelotonó en la puerta: la gente hacía cola, se empujaba y hasta se peleaba por entrar a leer; aunque ese furor sólo debió de durar dos o tres días, salvo para algunos (como Ramona, madre de Noelia, o yo), para quienes allí nació la afición a la lectura. La semana pasada volví a ella (aunque ahora está ubicada en otro lugar y poco tiene que ver con la de entonces, cuyo carné, con el número 74, he conservado hasta hace poco); la razón del regreso fue que en una de sus salas se presentó el libro que recoge el relato ganador del último premio Antonio Machado (Rumbo al presente de Juan Lorenzo Collado Gómez), junto a uno mío, al que el Jurado hizo una mención: Cuando llegué a Chillán, que ya os presenté en los primeros días del blog… Así es que, si a alguno de vosotros le apetece seguir leyendo (y no tiene a mano Pleamares de la vida u otra novela de Agatha Christie), sólo tiene que pinchar aquí para ir al relato o, si lo prefiere impreso sobre papel, pues como decía el otro día: que me lo pida y, gustosamente, le mando un ejemplar.

22/02/2007 00:43 Autor: ramondeaguilar. ;?> Hay 2 comentarios.


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