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Ramón de Aguilar

Dos viejos poemas de Eva Vaz

Dos viejos poemas de Eva Vaz

Todo lo que yo pudiera decir de Eva Vaz, sin documentarme previamente, estaría  desfasado: Hace años, muchos años, que no sé nada de ella; tan sólo un correo que intercambiamos hace bastantes meses, cuando le pedí permiso para reproducir aquí alguno de sus poemas y, poco después, la lectura de su libro Frágil (Antología 2001-2009). Antes de eso, sólo la había visto una vez y fue hace tantos años (en Punta Umbría), que aunque recordara su rostro (que no lo recuerdo), quizás ya no se parecería a la que hoy pudierais encontraros… Y sin embargo hay algunos poemas suyos que, después de quince años de leídos, sigo recordando casi verso a verso.

Pero Eva Vaz no es desconocida. A quien quiera saber de ella le bastará con teclear su nombre en un buscador para encontrar sus últimos poemas, los libros publicados, lo que de ella dicen quienes la admiran; incluso alguna foto que le ayude a hacerse una idea de cómo es, físicamente, esta mujer que escribe de manera tan directa, tan desgarrada y poética a la vez.  Los lectores de este blog tienen desde siempre un enlace con su nombre en la columna de la derecha.

Es posible, casi seguro y natural, que su estilo haya evolucionando, transformándose al ritmo que le hayan ido marcando sus vivencias. Es posible también, casi seguro y natural, que hubieran sido otros los poemas que ella hubiese elegido para esta ocasión… Pero yo he querido hacerlo rindiendo homenaje al recuerdo que guardo y a la época en que la leí por primera vez. Os invito a buscar otros escritos suyos, a seguirla en la red y a través de sus libros pero, de momento, quiero compartir con todos mis amigos dos poemas que en su día me emocionaron y hoy lo siguen haciendo:

 

Disculpas

                   Necesitas un cargamento de fe para seguir adelante.

                                                                            Lou Reed

 

Porque me hice mujer

antes de aceptarlo

-y todavía no me acostumbro-.

 

Porque perdí la fe

antes que la virginidad

-y ya pasan los diez años-.

 

Porque aprendí a sobrevivir

antes que a vivir

-y se me va olvidando-.

 

Porque de mi identidad

sólo queda el número

-y es el de un muerto-.

 

Porque empecé a drogarme

demasiado pronto

-gracias a la seguridad social-.

 

Porque el ego se me fue

des-pe-da-zan-do

-con una precocidad imparable-.

 

Porque la poesía

era mi mejor ansiolítico

-y ahora me hace nudos en las venas-.

 

Porque necesito disculparme

por haberlo hecho tan mal

-y no poder corregirlo-.

 

Porque el amor

no me arregló la vida

-y tampoco era para tanto-.

 

 

Auto de fe

 

Puedo contar cómo

y cuánto he jodido.

A cuántos me he follado

sin hacer el amor.

 

Puedo contar cuánto me he

metido en el cuerpo,

en cualquier orificio de entrada.

 

Puedo contar que entre

la sociedad y yo

hay un odio recíproco,

y que me importa

un carajo.

 

Pero es MENTIRA.

 

No me interesa ser

una máquina de follar,

ni destrozarme el hígado,

que es único.

Ni quiero vivir en

perpetua soledad y dejadez.

Ya lo viví,

y casi me muero

de ASCO.

 

Ahora no,

ahora me gusta hacerle el amor

al que respira mi respiración todas las noches,

en la gloriosa cama

regalo de mis suegros.

Y retirarme despacio y paciente

mis drogas legales.

Y sacarme las oposiciones

para enseñar Filosofía

a unos adolescentes que

vivirán el mismo proceso.

 

Ahora prefiero soñar con mis hijos

en vez de soñar con mi muerte.

 

YO NO QUIERO SER MALDITA.

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1 comentario

José Luis Piquero -

Yo te puedo sacar de dudas: sigue siendo la misma luchadora, un ser humano excepcional y una poeta como tenemos pocas.
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