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Ramón de Aguilar

Cine de verano

Cine de verano

 

El pregonero hizo sonar su trompetilla para anunciar que esa noche “echarían” una película.

Aún no estaba tensada la sábana que serviría de pantalla, ni habían sacado de las latas los rollos de celuloide, y ya la plaza se había llenado con quienes esperaban, bocadillo en mano y zarzaparrilla a los pies.

En el centro, como siempre, el cochecito de don Anselmo; junto a él, Amadeo, el que fuera verdugo; don Ramón, el farero; el tacaño de don José (tan parecido a San Dimas); don Benito, el dinamitero; el abuelo de Chencho; el inventor que una vez fue a la radio disfrazado de esquimal… y algún que otro cura socarrón.

Cuando el proyector iluminó la pantalla, el alcalde salió al balcón sin afán de dar ninguna explicación, tan sólo para ver la película y reír, como todos, cuando en los créditos apareciese el nombre de Pepe Isbert.

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3 comentarios

Ramón -

... Pensaba que así estaba bien (se trataba de un pequeño homenaje a mi admirado José Isbert; pero, viendo lo que hay, me comprometo a colocar una segunda entrega dentro de unos días: Habrá más cine de verano.

Elena -

Estoy con Puri totalmente. Por favor, una segunda parte... Va... Venga... Por fi...

Puri Novella -

Pues vengo a quejarme de lo corta que es tu entrada, hay que ver... con la de jugo que puedes sacarle a un buen cine de verano!! Te propongo ampliar cuanto antes...
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