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Ramón de Aguilar

Amar a Emiliano como a los dioses

Amar a Emiliano como a los dioses

 A Emiliano le profetizaron un día que sólo sería amado como son amados los dioses. Yo estaba delante, y tanto a él como a mí nos pareció que era un triste augurio. A él le hubiera gustado que lo amaran como se ama a los hombres. A los dioses se les adora mucho y se les besa poco, no se les acaricia, no se les puede hacer el amor con esa pasión que Emiliano pondría cuando abrazase a sus amantes. No hace falta haberlo vivido para saberlo, porque la ponía en todo cuanto hacía.

Ahora que se ha ido, ahora que sus restos son parte del Pico de la Muela (la montaña que cada día veía desde las ventanas de su casa en Cofrentes), ya sólo podemos amarlo así: Como sólo se ama a los dioses; con un amor sin barreras en las que tropezar, en las que enredarse, en las que quedarse; con una admiración que crecerá en el recuerdo, con la nostalgia de su risa y de su voz, de sus historias, de su presencia...

En el funeral en Cofrentes, una de sus sobrinas me conmovió al hablar de él. En sus palabras lo reconocí. Me hubiera gustado ser capaz de repetirlas una a una para que también vosotros pudierais entender por qué fue tan importante este hombre para todos cuantos le conocimos. “Su presencia -explicaba la muchacha, con palabras más certeras que las mías-, convertía una tarde cualquiera en una tarde especial; la comida de un lunes en una comida de domingo”. Con él, un encuentro inesperado se convertía en una fiesta, porque la alegría de la sorpresa lo desbordaba... y un encuentro programado se podía convertir en una aventura, porque era capaz de citarte a dar un paseo por los salones de un palacio, como el del Marqués de Dos Aguas, o a tomar un café en Lisboa, aunque vivieras en Valencia, a sólo dos paradas de metro de su casa.

Seguramente no fui su mejor amigo y habrá muchos otros que podrían escribir sobre él con más derecho y mayor precisión; pero la inesperada noticia de su trágica muerte me hizo revivir el tiempo que trabajamos juntos, mesa junto a mesa, a finales de los años setenta; las interminables veladas en su casa de Cofrentes; el mimo con el que cuidaba sus discos de vinilo; el detalle con el que describía las coreografías de Lindsay Kemp, que tanto le entusiasmaban; el descubrimiento que, guiados por el azar, juntos hicimos del escritor uruguayo Felisberto Hernández (al que dediqué una entrada en este blog, que él enriqueció con uno de sus comentarios); los días que pasé con él en Sofia, cuando vivía en Bulgaria; la última vez que me visitó en mi oficina, cuando su madre estaba hospitalizada aquí en Requena; o la noche no muy lejana en la que estuvimos chateando, sin sospechar que iba a ser la última vez porque, entre otras cosas, estuvimos hablando de un futuro ya muy próximo en el que, jubilados, yo escribiría novelas y él disfrutaría de la casa que se estaba construyendo en Madrid, después de haber viajado tanto y de haber tenido su hogar en tantas ciudades del mundo.

Ahora que ya no está con nosotros, todos estos recuerdos se hacen más vivos. Y más presentes sus consejos de alimentación para la salud, sus invitaciones al yoga y la meditación... Más valiosos los pequeños regalos que nos dejó, como un ejemplar de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, o un elepé doble de “Sha Na Na”, el grupo norteamericano de rock and roll, que él nos descubrió; libro que volveremos a leer y disco que volveremos a escuchar en su memoria porque ahora sí, más que nunca, seguiremos amando a Emiliano como a los dioses.

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4 comentarios

Ramón -

Éste es el texto que fue leído en el funeral de Emiliano, el texto al que hago referencia y que me ha sido facilitado por sus familiares:

"Muchas gracias a todos, a los que hoy habéis podido acercaros hasta aquí y a todos aquéllos que, aunque lejos, y a veces muy lejos de aquí, sienten a Emiliano muy cerca de sí. Vuestro cariño, vuestro calor, vuestras muestras de afecto nos reconfortan y nos ayudan a hacer más llevadero algo que es durísimo de llevar, el tremendo vacío que Emi deja en nuestras vidas, un vacío imposible de llenar. Emi era simplemente un ser muy especial, se hacía querer, y mucho, por aquéllos que tuvimos la suerte de disfrutarlo.
Una de esas personas con la virtud de convertir una simple tarde en una maravillosa tarde, o una simple comida en una magnifica comida, un don de transformar los ambientes, esa magia y sensibilidad extremas hacia los demás, hacia lo diferente, hacia lo bello, hacia la música, el arte, alguien muy especial. Un ser encantador. Emi fue también una persona entregada a los demás, despreocupada por lo suyo y profundamente generosa. Estos días aprendemos de su generosidad por los mensajes que nos llegan de todos los países en los que estuvo destinado. Una buena persona. En casa, las niñas no han olvidado tu último canguro; guardan las fotos divertidas que te hicieron con el Ipad. Discutían ayer acerca de quién había estado más tiempo contigo antes de dormirse, conscientes del privilegio de haberte tenido.
Se nos ha ido nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro consejero y le vamos a extrañar mucho, muchísimo. Tu familia y todos tus amigos, amigos de todo el mundo, porque no eras de ningún sitio, eras de todas partes. Te hiciste querer allá por donde pasaste y pasaste por muchos lugares de este mundo.
Y vamos a recordarte muchas veces, cada vez que hagamos un té rooibos, o escuchemos los Rolling Stones, o veamos una película de Yan Zimou, cada vez que hagamos yoga o vayamos al osteópata, has dejado en cada uno de nosotros tu impronta tan personal y ahora somos todos los que te conocimos, un poco Emilianos.
Te queríamos, te queríamos muchísimo, y espero que allá donde estés lo tengas presente, porque nosotros nunca te vamos a olvidar"

Helena Llorente García -

Hola Ramón, soy una de las sobrinas de Emi, que bonito lo que escribes, se lo he pasado a mi madre y agradece mucho tus palabras, reconforta escuchar a sus amigos recordarle. Te transcribo lo que responde mi madre:
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Coro -

Ramón, qué lindo escribes. Me conmovió mucho este texto acerca de Emiliano.
Y déjame decirte que eres grande. Como escritor, como amigo, como editor, y ve tú a saber cómo cuántas cosas más...
Con cariño un abrazo.

Puri Novella -

Magnífica la reseña de Emiliano, detrás de la irreparable ausencia ha de quedar la satisfacción del tiempo compartido, ese que nadie podrá ya quitaros.
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