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Ramón de Aguilar

Antes de que crezcan

Antes de que crezcan

            En una de las más divertidas canciones de Les Luthiers en la que, además de la risa, ponen música a una programación de televisión, cuando anuncian la actuación de los “Niños Cantores del Tirol”, recomiendan: Veánlos, antes de que crezcan… Y ahora, cada vez que enredando en el ordenador me encuentro con la foto que preparé de Julie, David y Natalia para cuando hablase de ellos en este blog, me acuerdo de aquel consejo… porque los niños tienen eso, que crecen y dejan de serlo; así es que pudiera ser que esta foto, de uno de nuestros primeros viajes por España, ya no venga tan a cuento para ilustrar estas palabras.

            La primera vez que Eliana me habló de los niños, Natalia apenas tenía cinco años de edad, David ya había cumplido los siete y Julie acababa de hacer los 13… Pronto habrán pasado seis años de aquello y cuatro de que viven con nosotros. No parece mucho, salvo que se enfoque de alguna manera determinada, que se diga, por ejemplo, que para Natalia ha sido la mitad de su vida… No parece mucho y, sin embargo, ¡cómo me han enriquecido la vida!

            A la primera que conocí en persona fue a Julie Paola, que vino con su abuela y con Marta Patricia a recibirme al aeropuerto de El Dorado, en Bogotá, la primera vez que viajé a Colombia, en el verano del 2002. Dos días después fuimos juntos hasta Mariquita y allí, jugando en el “corredor” nos esperaban sus hermanos… Apenas un año más tarde serían ellos los que llegaran al aeropuerto de Valencia, y yo quién los estuviera aguardando, con tantos nervios como ilusión, para emprender juntos esta aventura de compartir el día a día, de verlos crecer, madurar, transformarse… aprender (o reaprender), a mirar lo que nos rodea con una mirada de asombro (“¿El mundo era en blanco y negro cuando tú eras pequeño?”, me preguntaba un día Natalia), ávida de saber (“¿Dónde está el Peñón de Ifach?” “¿Cuál es la mayor altura de la Península Ibérica?” “¿Cuántos satélites tiene Marte?”… o cualquier otra cuestión científica de las que David pregunta, sabiendo casi siempre la respuesta), o inquisitiva, como las silenciosas miradas con las que Julie, desde siempre, analiza todo lo que le rodea, y que ahora empieza a mostrársele criticable, con la sana rebeldía de los dieciocho años (creo que fue Azorín quien escribió que quien a los veinte años no sea anarquista será viejo toda la vida… Bueno, tal vez no lo dijo así, pero la idea era esa y siempre parecerá mejor si digo que la frase es suya).

            Me he interrumpido en el punto anterior para repasar con David unas ecuaciones… Ahora, mientras termino de escribir estas líneas, Natalia toca el clarinete en su habitación. Julie está en el colegio y no vendrá hasta mañana, viernes, pero el sábado iremos, por tercera vez en pocos días, a hacer prácticas con el coche, porque se está sacando el carné de conducir… Realmente, ya no son los pequeños de la foto; mas supongo que, para Eliana y para mí, siempre serán “los niños”… aunque crezcan. Lo importante es que la vida sigue y juntos seguimos para vivirla, con todo lo que de bueno y de malo nos quiera traer.

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