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Ramón de Aguilar

Entrega de premios

Entrega de premios

El sábado nos reunimos en Villatoya para hacer la entrega de los Premios Literarios “Emilio Murcia”, que se habían fallado (como ya os conté) el 23 de septiembre. De los miembros del jurado sólo vino Ana (Anichuí), pero también estaban algunos de quienes me ayudaron con las lecturas previas: Dolores y Nacho, Noelia, Ramona… No faltaron los ganadores, Fernando Flórez, de poesía, que viajó desde Asturias y Santiago Casero, que llegó desde Alcázar de San Juan con su encantadora familia. Vinieron también los dos mencionados de Valencia, Rafael Camarasa (de quien ya compartimos el poema Cerezas en este blog) y Miguel Ángel Ríos Padilla (“Ángel Padilla” para sus lectores), alguno de cuyos geniales dibujos tengo que mostraros un día, acompañado de su mujer y de su musa, Valentina di Nícola.         “Perdonadme –les dije--, si por amor a la lengua latina, a la lengua castellana y al resto de las lenguas romances, no digo amigos y amigas o, lo que aún sería peor, amigos barra as” En realidad quería decir “amigos/as” o, incluso, “amig@s”, pero eso no podía pronunciarlo, así es que continué señalando que estábamos poniendo punto final a la IX Edición del Certamen Literario Emilio Mucia, los premios de poesía y cuento de Villatoya. Son nueve ediciones pero, en realidad, han transcurrido ya once años desde que, en el verano de 1996 se convocaran por primera vez. Los cambios de fechas que se han ido produciendo en sucesivas convocatorias han hecho que, al revés que Fileas Fog que perdió un día de su cuenta dando la vuelta al mundo, nosotros hayamos ganado dos años convocando a los narradores y poetas, leyendo los miles de cuentos y poemas que, desde todos los rincones de España, y aún del mundo, han enviado hasta ese pueblo de Albacete, tan pequeños que algunos de quienes escriben no sabrían encontrarlo en el mapa…         Y diez años cumplidos, camino ya de los once, son un buen momento para pararse a rememorar y hacer balance. Así es que lo hice:“Tuve la suerte ser Concejal de Cultura en aquellos años tan difíciles para nuestro pueblo; y serlo, además, con Camilo como alcalde, quien (no sé si por sabio iluminado o por loco soñador), en mitad de días tormentosos me invitó a trabajar con él para que me ocupara de promocionar la cultura; pues en la cultura veía el futuro y, sin ella, (pensaba acertadamente), de nada serviría cualquier otro logro. Junto a él, quien, sin ser concejala de Villatoya, hacía las funciones de tal con una ilusión digna de admiración: Inés Picazo. Inés, desde su puesto de auxiliar administrativo, yendo más allá de todas sus obligaciones, sin escatimar tiempo ni dedicación, apostó por todo lo que enriquece el alma, aunque no dé inmediatos beneficios materiales: la cultura, el asociacionismo, el voluntariado… Y llegó también, en el momento oportuno, la propuesta de Maribel Rubio, ofreciendo una cantidad de dinero para que, en la escuela, se creara un premio en memoria de Emilio Murcia; quien, además de haber sido su marido, su compañero y su cómplice, había sido un hombre bueno nacido allí… Siempre que lo menciono hago hincapié en lo de “hombre bueno” (el único de sus méritos que figura en la plaza que lleva su nombre), porque lo que he aprendido de él a lo largo de estos años es que, por encima de sabio, que lo fue; de político comprometido, que lo fue; de soñador, que lo fue… por encima de todo, fue un hombre bueno que como tal dejó recuerdo en quienes lo conocieran, ya fuera como vicerrector de universidad, como catedrático, como consejero del Principado de Asturias, como sindicalista o como director del Instituto Geográfico Nacional… sólo por citar algunas de las tareas de las que se ocupó en su corta vida… Un cúmulo de circunstancias y coincidencias que me empujaron a llevar una propuesta al pleno del Ayuntamiento y que, una vez aprobada, supuso la convocatoria de aquel I Certamen que a todos nos sobrepasó: tres veces más obras presentadas que habitantes había en aquel momento en Villatoya, la visita de escritores de excepción (como Fernando Lalana, premio Nacional de Literatura y de Rodrigo Rubio, premio Planeta) y tres primeros premios de los que dejan buen sabor de boca.”         A los nombres de aquellos tres primeros ganadores: Luis Leante, en novela (en los primeros tres certámenes también se convocó esa modalidad); María Cristina Rodríguez Tuero, en poesía, y Florián Recio en relatos; siguieron los nombres de muchos autores, hoy apreciados por los lectores y que, en sus currículos y en las solapas de sus libros, pasean el nombre de Villatoya y el del Certamen, Emilio Murcia, por todas las librerías, bibliotecas y hogares en los que se ame la lectura. Estoy pensando, entre otros, en el asturiano Pepe Monteserín, la pacense Francisca Gata, nuestro paisano Miguel Ángel Carcelén, el aragonés Oscar Sipán, el gaditano Félix J. Palma Macías, el valenciano José Montoro, la madrileña Beatriz Jiménez de Ory… y así, entre premiados y finalistas, hasta un total de 50 que, con los galardonados esa tarde, llegaron a los 56… 56 autores a quienes corresponden otras tantas historias, cientos de personajes con los que conmoverse, con los que reír o llorar… cientos de versos que hacen florecer todo tipo de sentimientos (desde la melancolía a la rabia, desde el deseo más ardiente a la desazón, desde la nostalgia de la infancia perdida a la esperanza de un mundo mejor)… Cenicientas modernas (más de una), peluqueros obsesivos, amantes condenados al silencio o hermanas que no pueden escapar del odio que las liga, náufragos y mendigos del amor, curas mafiosos (también más de uno), cobardes toreros y niños tan malvados como los de la vida real, personajes secundarios de obras famosas (Don Quijote o El diablo Cojuelo), escapados para vivir su propia aventura…Soldados que vuelven después de la derrota… Literatura en suma que os invito a gozar con la lectura de las obras premiadas porque, año tras año, convocatoria tras convocatoria, el Ayuntamiento de Villatoya, en otro rasgo de generosidad, las ha ido editando para que todo el mundo pueda disfrutarlas… Por eso no os cuento más, os propongo que leáis. ¿Cómo? Pues muy sencillo, sólo tenéis que pedidme un ejemplar y yo os lo mando.

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