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Ramón de Aguilar

En otros países

En otros países

Tuve un amigo que fue gobernador de una ínsula… No, no fue Sancho Panza (por más veces que leí el Quijote, nunca llegué a conocerlo en persona); además, el que yo digo, vive todavía; vive y gobierna a su manera. Se trata sólo de una parábola, alegoría, apólogo o fábula que sigue así: Cuando este buen hombre se interesaba por un tema, ésa era la cuestión de la que debía ocuparse todo el país; si, por ejemplo, amanecía fascinado por la vida natural y ecológica, todos en su ínsula habían de volverse vegetarianos, los periódicos adquirían el formato de la revista Integral y en sus páginas sólo se hablaba de la energía solar y las propiedades de la soja; las emisoras emitían música “new age” a toda hora y los masteres de la Universidad eran sustituidos por estancias en Findhorn (la imagen pertenece a una de las actividades de esta escuela escocesa de espiritualidad)… Hasta que, tiempo después, fascinado por la lectura de algún libro sobre la Sábana Santa, hacía girar la vida de su pueblo en torno a esa cuestión: reportajes en radio, primeras páginas de los periódicos en blanco, si no se encontraba cualquier hecho que tuviera relación con el tema (por nimia que fuera), viajes a Turín y debates en televisión… Luego serían los barcos de guerra (con las mismas consecuencias); y más tarde, por seguir poniendo ejemplos, la paz o las máquinas tragaperras… El caso es que todo en la vida de su ínsula giraba cada día en torno al tema que a él le interesase en ese momento, no sólo cómo si no hubiera nada más para los habitantes de aquel pequeño mundo, sino como si lo mismo fuera más allá de sus fronteras, como si así hubiera sido siempre y así fuese a ser hasta el final de los tiempos.

            ¿No os habéis sentido alguna vez vosotros como ese ególatra soberano? Porque yo (siguiendo con ejemplos), cuando me asomo a este cuaderno siento ese temor: ¿Hablaré una vez más de Colombia y la gente que allí conocí, de las niñas del orfanato, de mi libro de cuentos, de Publicaciones Acumán o los tejados que se ven desde mi ventana? Os aseguro que, aunque así sea, hay muchas más cosas de las que podría ocuparme a la hora de sentarme a escribiros:

-         Nuevas y asombrosas lecturas, como la de la demencial Sin tetas no hay paríso o  el siempre actual Relato inmoral de Wenceslao.

-         El viaje relámpago a Salamanca, para recoger a Dora Elisa, que me sirvió para revivir por unas horas el año que allí pasé: Las clases en el palacio de Anaya, las comidas en La Luna (restaurante frecuentado por estudiantes, que tenía el mismo nombre que el de Casas Ibáñez del que pronto os hablaré), los pisos de la calles Mateo Hernández  y El Greco en los que viví, las gentes que conocí y a las que sigo tratando (Tina e Inés), o recordando con cariño (Laura, Ana Sedano, Natalia, Lauren, Arantxa, Keit…), la revista de la facultad con la que colaboré (“Vanidades”), la biblioteca de barrio en la que por primera vez disfruté de las obras de Fernández Flórez que ahora estoy releyendo.

-         La visita a Toledo, también con Dora Elisa, en compañía de María Isabel y Carlos… para que conocieran ellos, más que para seguir recordando yo, calles y plazas como las de Zocodover, como las del Hombre de Palo o del Pozo Amargo, cuyas leyendas bien podían ocupar estas páginas; callejones medievales, sinagogas, la Casa Museo del Greco (entre cuyas paredes de yeso pasé mis primeros años de funcionario), mazapanes, damasquinados, puertas de la antigua muralla, iglesias y Catedral, bordados de Lagartera, espadas y armaduras…

-         Los molinos de viento contra los que, creídos gigantes, luchó Don Quijote, y que nosotros cuatro (los mismos de antes, atravesando La Mancha), visitamos en Mota del Cuervo, donde casi es obligado hablar también de otro personaje literario: Manolito Gafotas, de Elvira Lindo; como obligado es citar a Plinio, de García Pavón, cuando se visita Tomelloso; o a Sara Montiel en Campo de Criptana donde, por cierto, también se conservan bellos molinos.

-         La grata tertulia que tuvimos en casa el sábado por la noche, para hablar de algunos de estos temas y de muchos otros, con Gregorio y Mari Carmen, Marisol y Ramón, Elena, Roberto, Ángel y Mamen, Grian… Todos volverán a aparecer por estas páginas, antes o después. Como tienen que aparecer, todavía, Mónica, los niños (Julie Paola, David y Natalia), Tina, Rafa…

-         El domingo que pasamos Eliana y yo mostrándoles Valencia a nuestras invitadas: la plaza del Ayuntamiento, con sus nobles edificios (El Ayuntamiento, que le da nombre, Correos, Telefónica…) y sus puestos de flores; la Lonja y el Mercado Central, la plaza Redonda y la de la Virgen, la Catedral con sus tres puertas y su esbelta torre (El Miguelete), el Palacio de la Generalitat y el del Marqués de dos Aguas, la señorial calle de la Paz, la estación central de trenes… Las playas de las Arenas y de la Malvarrosa, acariciadas por las aguas del Mediterráneo, la futurista ciudad de las Artes y las Ciencias, el Palau de la Música, en mitad del antiguo cauce del río Turia… Y eso por citar lo que pudimos ver en un sólo día, que mucho es lo que se quedó pendiente, junto a la sensación de que somos vecinos de una hermosa ciudad.

-         Estuve presente en la aclamación de Carmen Navalón como cabeza de lista del PSOE en Casas Ibáñez para las próximas elecciones municipales; ha sido siempre una buena amiga y va a ser una buena alcaldesa; como Llanos lo será en Villatoya… Esa misma noche cené con los miembros de mi antiguo taller literario: Manolo Calomarde, David Zafra, que vino con Loli, Noelia, Manolo Picó… Faltaron Irene y Jesús, pero no faltaron temas de los que hablar; antes, más bien, se nos acabó el tiempo y ellos se fueron a sus casas y yo, como me gusta hacer de tarde en tarde, me quedé a dormir en un hotel de carretera, en una de esas habitaciones con las paredes desnudas, una estrecha cama y una ventana que da a un cartel de luces de neón que parpadean, haciéndonos sentir personaje de novela.

-         La llegada del temporal de frío y nieve que ha cubierto con una alfombra blanca nuestros campos y tejados y nos ha devuelto el recuerdo de otros inviernos, cuando éramos niños y la nieve nos traía la alegría de un día laborable sin colegio, una batalla de bolas de nieve entre resbalones y patinazos, un muñeco blanco con nariz de zanahoria, bufanda y gorro de paja; “atascaburras” para combatir el frío comiendo (patata cocida con bacalao, huevos duros, nueces y aceite de oliva) y hasta un helado para merendar, hecho con la misma nieve y papilla de frutas.

-         Y, además, como ya sabéis, ha llegado Carolina a España (la hemos recogido esta misma mañana en Barajas), y ahora entre todos tenemos que encontrarle un trabajo que le permita hacer aquí su vida

 

Esto es sólo repasando la última semana, así por encima; pero habría muchos más temas sobre los que escribir (y sin salirme de las pretensiones de este blog)… Sin embargo, una vez más, voy a volver a lo de siempre (de ahí la parábola, alegoría, apólogo o fábula con la que comenzaba), voy a volver a hablar de Publicaciones Acumán, la editorial solidaria que siempre menciono…

Me comenta Miguel Ángel Carcelén, su director y próximo protagonista de esta página, que cerrará en el plazo de 6 meses, el tiempo que Hacienda les ha dado para “regularizar” su actividad o desaparecer. Parece ser que nuestra Administración, ésa que es de todos pero que no cuenta con nadie a la hora de tomar sus decisiones y siempre impone sus criterios a base de amenazas (basta con equivocarse en una suma, o que ellos crean que te has equivocado, para ser tratado como un defraudador, menospreciando el derecho a la presunción de inocencia); pues bien, Hacienda no entiende eso de “editorial solidaria”, no le cuadra que unos locos puedan estar empleando su tiempo y su dinero en hacer literatura, en publicarla, en difundirla y dedicar a proyectos solidarios hasta el último céntimo que consiguen. ¿Cómo se come eso en esta España de la especulación inmobiliaria, de la privatización de la sanidad y de todos los servicios, de la explotación de los inmigrantes (o no inmigrantes, si se dejan…), de la prepotencia de empresas eléctricas, telefónicas, farmacétuticas y otras multinacionales frente al consumidor, de los proyectos faraónicos subvencionadas con dinero público… No encaja, claro, y Hacienda, que no quiere parecer tonta y siempre teme ser engañada, porque es consciente de que no ha sabido ganarse el respeto de los ciudadanos, no va a consentir que todos los ingresos que obtenga Publicaciones Acumán (hasta el último céntimo), se vaya a ir a África (Nigeria, Mozambique, Sahara…) o América Latina (República Dominicana, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Paraguay…); ellos también quieren su parte. Allá los autores si deciden ceder sus derechos, allá los ilustradores, correctores, maquetadores y demás profesionales si no quieren cobrar su trabajo, allá el editor si también renuncia a su beneficio, y el librero que rechace su porcentaje y el voluntario que venda los libros por los mercadillos… Ella, la Hacienda Pública, no va a hacer lo mismo.

No sé si la actitud del Organismo es discutible o no. No sé cuales son los derechos ni los deberes de una asociación con las características de Publicaciones Acumán; no digo pues que los funcionarios que dependen del Ministerio de Economía actúen indebidamente… sólo constato el hecho y me lamento de que  esta situación vaya a hacer desaparecer algo tan noble, algo tan especial, algo tan poco común como es una”editorial solidaria”, probablemente la única del mundo, y todo lo que eso conlleva…

Desaparecer o entregar al fisco una buena parte de ese dinero que se envía al tercer mundo… Y digo yo que si, al final, esto último fuera la solución, tal vez habría que proponerle a Hacienda que, igual que ella nos pide que señalemos en una casilla, a dónde queremos que vaya ese 0,5239 % de nuestros impuestos que destina a fines sociales (el 0,5239 por cien, frente al 100 % de Publicaciones Acumán); deberíamos ofrecerle a ella otras casillas en las que señalara de qué proyecto quiere que la editorial sustraiga ese dinero:

 

      □ Construcción de pozos de agua potable (Bolivia, Honduras, El Salvador)

      □ Construcción y equipamiento de escuelas (Guatemala, Paraguay, Nigeria)

      □ Mantenimiento del Hogar Niña María, para niñas maltratadas (Colombia)

      □ Centros de salud (República Dominicana, Mozambique)

 

      Hay algunos más, pero de aquí ya puede sacar el erario público una buena tajada… Y como (insisten) Hacienda somos todos y ellos no se van a mojar, yo te pediría a ti, lector de esta carta abierta, que en su nombre señalaras tu opción preferida… ¿De cual de los proyectos mencionados debe retirar Publicaciones Acumán su aportación para entregarla a Hacienda? No olvides, antes de pronunciarte, que ese dinero sirve, (en otros países y entre otras muchas cosas), para enviar tropas a guerras ileales como la de Irák, subvencionar ruinosos parques temáticos, pagar sueldos de cargos públicos corruptos, comprar medallas u otros honores en USA, financiar sucias campañas electorales, mantener mezquinas cadenas de televisión con las que tratar de desinformar y manipular la opinión de los ciudadanos,… Y ya digo que son sólo algunos ejemplos y que no estoy hablando de España sino de otros países, que algunos son muy mal pensados…

 

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1 comentario

Andrés Velasco -

O David del Sur y usted son unos pagados por el sr. Carcelén o tengo que concluir que ese señor es un gran tipo. Por si tenía dudas acerca de esto el hecho de que alguien tan mezquino como Gatopardo se meta con él corrobora mi impresión. Quien colabora con causas y gentes nobles participa de su nobleza. Enhorabuena por su labor en Colombia.
Un saludo de Andrés Velasco
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