Se muestran los artículos pertenecientes al tema Lo que escribo.
Bajo sus viejas botas (Un mar sin barcos ni gaviotas)

Su casa estaba a las afueras del pueblo. Era una vivienda nueva, algo apartada de las viejas y enjalbegadas casonas del lugar. La rodeaba un jardín, en una de cuyas esquinas Mario se había hecho un invernadero; allí, como si se tratara de un minúsculo arsenal, junto al rastrillo y las azadas, los sacos de abono y las macetas de barro, guardaba algunas flámulas y gallardetes, maromas y un bote de brea que se había traído del barco. En el interior de la casa había un salón grande, con un amplio ventanal y una chimenea casi siempre encendida. Desde la cristalera, orientada a poniente, se veían las viñas, los barbechos y, ya rayano al horizonte, un pinar por entre el que cada tarde se escondía el sol. Sobre la repisa de la chimenea descansaban unos cuantos libros, encuadernados en piel gastada por el uso. Eran novelas. Mario, al que en el pueblo llamaban el Marino, las leía junto al calor de la lumbre en invierno y al fresco de una parra en verano.
... (quiero leerlo todo)Mariscada de sardinas

Ayer llegaron a casa los primeros ejemplares de mi nueva novela, Mariscada de sardinas… Aunque lo de nueva sea una forma de decir que el libro acaba de editarse; lo que es la novela en sí, por más que la haya trabajado y corregido hasta el final, tiene su origen en una idea que se me ocurrió hace casi treinta años, cuando vivía en Tabernes de Valldigna y estaba empleado en un banco… Allí, observando desde la caja a los veraneantes que, fuera de temporada, venían de Madrid; y escuchando los comentarios, no demasiado cariñosos, de mis compañeros (Aniceto, Chiva y David, el apoderado); empecé a pergeñar una historia que no terminaría de encauzarse hasta que, años después, al poco de vivir en Requena, me viese envuelto, como testigo, en el proceso judicial que los Servicios Sociales siguieron contra mis vecinos, una extraña pareja que dormía pared por medio de mi habitación… Mas entrar en detalles sería contar otra hi
... (quiero leerlo todo)Por el Este sale el Sol

Algún tiempo después supe que siempre se levantaba antes de que amaneciera y, si le era posible, se las ingeniaba para ver salir el sol, ya fuera desde alguna ventana que diera al Este o paseando hasta la calle de Atrás, donde el pueblo acababa y empezaban las viñas. Más allá del arco que dibujaba el horizonte, apenas roto por algún que otro lejano pinar, ella sabía que estaban su país, su casa y sus hijos.
– Cuando veo salir el sol –me confesó–, pienso que antes de llegar a España ha pasado sobre sus cabezas, los ha despertado, los ha invitado a levantarse, a vestirse, a no demorarse tomando el desayuno… que, radiante allí, cuando aquí apenas es una mancha rojiza en la distancia, los acompaña camino de la escuela.
Bueno, así lo cuento yo. Anna no usaba el pretérito perfecto sino el indefinido, habría dicho “mancha roja lejos” y no “mancha rojiza en la distancia”, y es posible que no conociera el verbo “demorarse”&hellip
... (quiero leerlo todo)Un sólo momento

He apagado la lámpara, que ya había encendido, para gozar de la hermosa luz del atardecer… He abandonado lo que estaba haciendo, para escribiros en este momento mágico, que no puedo apresar, ni soy capaz de pintar con palabras, porque la calidez de sus colores antes sólo la había vislumbrado en sueños… He abierto la venta de par en par para que, además de de la tarde que muere, entre también el olor de los tejados mojados, de la tierra empapada, de los árboles regados por la lluvia... Os escribo sin mirar al teclado, sin apartar los ojos del paisaje, sin importarme que la página en blanco que simula la pantalla se vaya llenando con trazos rojos que señalan las faltas en las que incurren mis dedos… No importa, luego, cuando la noche caiga del todo, corregiré; pondré tildes donde no las haya, consonantes donde falten, espacios donde sean menester… Lo importante es que, cuando relea lo escrito, volverá a alumbrarme esta luz y volveré a sentir este aroma que creía olvidado. Maúlla un gato. Está más oscur
... (quiero leerlo todo)Apagones

En realidad el cumpleaños había sido dos días antes. El niño había cumplido sus primeros veinticuatro meses y el padre, con las ideas muy claras y la mirada puesta en un futuro no tan lejano, le había comprado una completa enciclopedia en "cederom". El mismo día de la fiesta se había empeñado en mostrarle todas las maravillas que el disco encerraba y el niño, que era verdaderamente inteligente, parecía haberlo entendido, aunque enseguida lo olvidó con la llegada de los vecinos, las canciones de los payasos y la tarta de colores coronada con dos velitas que se empeñaba en apagar una y otra vez con sus pequeños soplidos. Así, el niño tenía dos años y dos días cuando en los medios locales de comunicación, anunciaron que esa noche, a partir de las dos de la mañana, habría un apagón. Se suponía que la mayoría de la población estaría durmiendo a esas horas. La compañía eléctrica trataba de evitar cualquier molestia para los vecinos, pero era conveniente avisar con tiempo y que nadie pudiera alarmarse. El padre del niño r
... (quiero leerlo todo)Cuento de Navidad para felicitar la Navidad a quienes les guste la Navidad y a quienes no les guste la Navidad

Zulema, en cuanto se acostó y como cada noche, pese a que ya empezaba a ser más adolescente que niña, me llamó para que le contara un cuento.
– ¿El del príncipe feliz?
– Ése ya me lo has contado muchas veces.
– ¿El del gigante egoísta?
– ¿Es qué sólo te sabes los de Oscar Wilde?
– ¿Y tú sabes quién es Oscar Wilde?
– En esta casa todo el mundo lo sabe.
Zulema llevaba razón… Aunque en “esta casa” sólo seamos tres: Ella, su madre y yo. Simulé que hurgaba en la memoria, antes de proponer el siguiente:
– ¿El del niño que apagó la luna?
&n
... (quiero leerlo todo)Un cielo para Sartén

Es curioso como en las tardes de Otoño, cuando el viento y los primeros fríos empujan a guarecerse en casa, y el peso de los años en los recuerdos, el que con más nitidez me llega desde aquellos tiempos no sea el de mi madre ni el de mis abuelos, ni tan siquiera el de mi tío Manolo, que me enseñaba trucos de magia, me entrenaba para ser portero de fútbol y me dejaba encasquetarme su gorro caqui de soldado cuando, siéndolo, venía a casa de permiso... Curioso es que, más que a ninguno de ellos, recuerde a mi perro.
Sartén no tenía raza ninguna; pero eso para mí era lo de menos. Hoy no sabría decir si era blanco con manchas negras o, al contrario, negro con manchas blancas, pero la cola era tan negra que alguien dijo que parecía el rabo de una sartén y ése, “Sartén”, fue el nombre que le di. A nadie les gustó, ni el nombre ni el perro; nunca lo pude meter en casa, pero cada tarde, cuando al oscurecer regresaba de jugar a las luchas o de andar por las vinazas, se quedaba acurrucado cerca de la puerta, esperando que yo saliera para correr a mi lado, revolcarse conmigo en la paja de l
... (quiero leerlo todo)Historias de

Apenas hace unos segundos que ha empezado el día. El fuerte viento con el que siempre recordaremos el inicio de esta primavera azota los cristales de la casa y me invitan a apagar el ordenador y marcharme a la cama: Mañana, como todos los días, como casi todos los días, hay que madrugar… Pero no quiero acostarme aún sin deciros algo a todos los amigos que estáis lejos (en el espacio, porque vivís en otros lugares o en el tiempo, porque aún no os he conocido). Se trata de algo que anoche escribí a los más próximos y esta misma tarde a los periódicos y emisoras de la zona: El viernes, mañana ya, vamos a presentar Historias de gente sin historia en la biblioteca de Requena.
Como sé que los que lo estéis leyendo aquí no vais a poder venir, os voy a adelantar las palabras que he preparado y que hablan de la intrahistoria de algunos de estos relatos… Por cierto (y esto no
... (quiero leerlo todo)Versos para Ana, que vive en la llanura, en un piso alto (que casi llega al cielo), que monta o montaba en bicicleta, que no sabe mentir, ni disimular, ni enfadarse mucho tiempo, que siempre tiene un perro que no es suyo, un taller de muebles viejos y un amigo que la quiere y le escribe este poema… para ella sola

Antes de llegar al cielo
está el lugar en el que habita;
desde su alcoba se divisa toda la llanura,
se imagina el mar
y aún más allá del mar:
cualquier lugar al que podamos llegar en sueños
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... (quiero leerlo todo)Luchas y tesoros

Supongo que fue el asfalto de las calles, o la llegada del primer televisor, lo que acabó con las “luchas”, con esa despiadada forma de jugar que nos llevaba a agruparnos en pandillas y pelear, unos contra otros, a pedradas… Visto con la distancia que, en el tiempo, me separa de la Calle de Atrás, se me ocurre pensar que aquello era jugar a vivir, lo mismo que las tómbolas que hacíamos para rifar nuestros tebeos, los circos que imitábamos o cualquier otro de los juegos que inventáramos y que, con el paso del tiempo, ha terminado por perderse.
La casa de mis abuelos, en la Calle de Atrás, tenía un corral grande, al que se salía desde la cocina por una puerta de madera con cristales, o se entraba por los postigos, si uno venía de fuera de la casa. Junto a la primera crecía una parra que, además de uvas, daba sombra en los días de verano; al lado de las portadas, un porche de cañas y la sarmentera dond
... (quiero leerlo todo)Cuando llegué a Chillán

Llegué a Chillán a las cuatro de la tarde y no me fue muy difícil encontrar la casa. Las indicaciones que Felipe me había dado eran precisas y suficientes, pero la distancia que tuve que andar era mucho mayor de lo que había imaginado en un principio. Cuando me vi frente al bloque de hormigón, hice un alto en el camino y lo contemplé antes de empezar a subir la escalera. Las ventanas no tenían cristales, nunca los habían tenido y el frío entraba a raudales para quedarse a pasar la noche entre aquellas paredes sin pintar. A la altura de la segunda planta alcancé a ver el horizonte por el que se ocultaba el sol de las cinco de la tarde... Era la misma hora a la que tres años antes los policías del DINA habían irrumpido en mi casa tirando la puerta de una patada y me habían llevado con ellos, tras poner patas arriba mi apartamento de Maipú y no encontrar a nadie más a quien arr
... (quiero leerlo todo)Señores de la Justicia y de la Ley
Ilustrísimos señores:Hemos recibido su resolución denegatoria de la petición de exención de visado para la permanencia en España de mi mujer, Klára Gárdonyi, así como la orden de expulsión para ella y amenazas de sanción para mí, todo ello en base a que, por nuestra diferencia de edad y su situación de inmigrante ilegal, les hace suponer que el nuestro es un matrimonio de conveniencia celebrado sin amor.
No voy a invocar el derecho a la presunción de inocencia que sistemáticamente (y no sólo en nuestro caso), están vulnerando... Es más, les voy a reconocer que Klára y yo no estamos enamorados, no lo hemos estado ni probablemente lo estaremos nunca. Es muy poco probable que una muchacha de veintidós años y un jubil... (quiero leerlo todo)
Ciudadano del mundo
La vida me ha llevado de aquí para allá. Me arrancó de mi casa cuando sólo era un niño, me sacó de la miseria y me paseó por un mundo que nunca hubiera imaginado. ¡Qué lejano todo de las calles en las que transcurriera mi infancia! He visto tantos lugares hermosos que siempre creí que nunca más volvería a asombrarme: Grandes ciudades con cuidados parques y avenidas, pueblos escogidos en cada uno de los rincones del globo; hoteles suntuosos, playas de moda, acogedores refugios de montaña... ¡Qué lejanos los áridos campos, que siempre veía desde mi ventana, desde aquellos empañados cristales por los que aprendí a mirar!
Todo se me fue pegando ala piel y hasta podría decir que soy un ciudadano del mundo, sin patria chica ni grande... Y, sin embargo, cuando llega la noche, o el cansancio, o la tristeza de una lluvia pertinaz sobre el tejado, me acuerdo del pueblo, de mi calle embarrada y oscura; si... (quiero leerlo todo)
