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Ramón de Aguilar

De los cien años de Francisco Ayala

De los cien años de Francisco Ayala

Hoy es 25 de julio, día de Santiago Apóstol. Seguro que, cuando termine de escribir este correo y me ponga a enviároslo a todos vosotros, ya será miércoles 26, San Joaquín y Santa Ana. Ya nadie celebra las onomásticas, pero yo todavía recuerdo la ilusión que me hizo la primera vez que recibí un telegrama, en plena feria de Casas Ibáñez, un 31 de agosto, cuando aún no habría cumplido los 10 años. Me lo mandaron, para felicitarme, mi tía Esperanza y mi prima Esperancita, abuela y madre (respectivamente), de la famosa Cañizares de “Cámara Café”; aunque hay mucha gente que no se cree que Esperanza Pedreño (la actriz que la interpreta), sea mi prima… También recuerdo que un 25 de julio Santi nació en Villatoya; era el hermano pequeño de mi amigo Ramón y, parece una tontería, pero es de esas cosas que no tienen nada que ver contigo y que, sin embargo, nunca olvidas. Ayer, justamente, después de muchos años, volvimos a nombrarlos, a mi amigo, a sus hermanos, a sus padres (que ya han muerto), a sus parejas (de quienes ya se han divorciado)…

            Se me olvidaba puntualizar que esto no es una carta. Tal vez sea una circular con la que trato de disculparme, ante la gente que quiero, por no haber escrito antes. Como no se trata de nada personal (aunque a lo mejor luego salgas por ahí, que para algo eres importante en mi vida), podrías considerar que éste es un correo basura y enviarlo directamente a la papelera…  Pero yo, por si acaso, seguiré escribiendo hasta que me tenga que acostar. A lo mejor piensas que hubiera sido mejor y más práctico escribir un poco a cada uno de quienes “debo carta” y decirle a cada cual lo que querría oír… Pero es que esto no quita lo otro, esto no me deja en paz contigo. Te sigo debiendo una carta más personal; por eso insisto en que, si no te apeteces, no tienes porque seguir leyendo.

            Esta mañana me han dicho en La Lola (restaurante de Casas Ibáñez que te recomiendo, si algún día quieres comer algo diferente y que merezca la pena), que quieren organizar algo, una comida o un picoteo, algo a lo que yo pueda aportar mi “famosa” tosta “Amaretto”; la receta con la que gané el premio. A lo mejor aún hay gente que no se ha enterado de que, por una vez, en vez de obtener un premio literario, conseguí uno de cocina. Le he estado contando al hijo de Lola que la receta fue una de las diez finalistas y que por eso tuve que irme a Madrid, a elaborarla delante del jurado final, en la Escuela de Hostelería de la Comunidad de Madrid. Allí quedé el tercero, pese a que quizás la mía era la más simple de todas, aunque creo que la más original, puesto que me atreví a mezclar jamón ibérico con licor de almendras amargas (de ahí el nombre de Amaretto). Quienes quieran saber más detalles, que pinchen aquí y los podrán encontrar todos, con alguna que otro foto mía (y de los otros concursantes, claro) y todas las recetas finalistas.

            Me decía Miguel Ángel Carcelén que esto no debería contarlo así, sin más, que debería escribir un cuento. No sé. Pero ya que lo menciono (pese a que a él no le voy a mandar esta carta), te voy a recomendar que, si puedes, leas su libro Las mentiras verdaderas; la primera edición se agotó en sólo unos días y de la segunda, por lo que parece, tampoco quedan ya ejemplares, así es que es difícil conseguirlo en librerías, pero puedes buscarlo directamente en la página de la editorial, uno de los enlaces que os ofrezco  y que es de visita obligada por varias razones y, algunas de ellas (aunque no todas ni las más importantes), tienen que ver conmigo: Es la editorial que acaba de sacar mi libro de relatos “Historias de gente sin historia” y, además, es una editorial solidaria (creo que la única), que dedica todos (pero todos todos), sus ingresos a apoyar proyectos de desarrollo en el tercer mundo… Y los de este año de 2006 los están entregando a los proyectos que yo me traje de Colombia en mi último viaje: la construcción de un albergue para ancianos desamparados (éste ya está casi cubierto en lo que me comprometí: la compra del solar y de los primeros matinales para la obra), y el mantenimiento de un orfanato para niñas que han sufrido todo tipo de violencia, en la guerrilla o en los campamentos de desplazados por la violencia… Seguramente ya te he dado la matraca con este tema más de una vez; así es que no voy a insistir más, pero en la página de la editorial puedes ver algunos detalles en el enlace que dice nuestros proyectos en Colombia y que, además de aquí, aparece en varios sitios de la página principal… Por cierto que sepa mi desconocida y joven amiga Anita Lechuga, si ha llegado hasta aquí, que en Publicaciones Acumán también puede conseguir mi libro El Cerro de los Cuchillos, aunque no fue editado por ellos.

            Estuvimos descansando unos días en la playa, en Mojácar (La imagen es la reproducción de un cuadro que se llama "Mojácar Night" de Sarah McEneaney’s). Eliana y los niños se pasaban las  horas en el agua. Yo prefería quedarme leyendo en la terraza de la habitación, que también daba al mar. Además del libro de Miguel Ángel Carcelén, me leí Historia de mis calles de Francisco González Ledesma. Un verdadero placer que me obligó a recordar los viejos tiempos de la Editorial y de aquel entrañable certamen de cuentos cortos-cortos, que tantas satisfacciones nos dio y, entre otras, las de que un día este hombre sabio y bueno se sentara a nuestra mesa (acompañando a su hija Victoria, la responsable de los temas culturales en la revista “Mía”, que había ganado un tercer premio), y estuviera con todos nosotros, sin hacer ninguna ostentación de su calidad como escritor, de sus publicaciones con las editoriales más importantes del país, de sus premios (el Planeta entre otros)… con toda la humildad y sencillez con que se muestra en esta biografía suya que también te recomiendo, os recomiendo.

            Por cierto que, ya que estaba en Andalucía, aproveché para comprarme (¡en un chiringuito de la playa!), un libro de relatos de Francisco Ayala (Historia de Macacos), porque además de ser andaluz acaba de cumplir cien años. Aún no he acabado de leerlo, pero el primer relato, el que da título al libro, desarrolla un tema que hace años yo venía imaginando para una novela que nunca fui capaz de escribir… No es la primera vez que me pasa esto de que, después de meses o años imaginando algo, me lo encuentro hecho. Pero es sólo una anécdota. Otra que, como cada año en la playa, me fui a buscar la biblioteca del pueblo, en la que nunca me tropiezo con otros veraneantes o turistas (de hecho, casi siempre están vacías, ya sea en el Rincón de Lois de Benidorm, en Playa de Aro o, esta vez, en Mojácar); en ésta no pude aguantar mucho porque hacía un calor espantoso y los libros estaban revueltos y amontonados sin orden por todos los rincones… un poco como esa librería de viejo que hay en el barrio chino de Valencia, en la calle Balmes (¿quién, a parte de mí, puede ir a buscar libros en un barrio chino?), y que creo que se llama “Al Tossal” o algo así porque, además, no hay ningún rótulo o escaparate, sólo una persiana metálica que separa a las putas de los libros, a los yonquis de los ratones, a los que quieren follar de los que, además, quieren leer un rato antes de dormirse…

            En Mojácar pregunté por Walt Disney. Mucha gente, incluso del pueblo, no sabía que el genial director de dibujos animados había nacido allí. Al final conseguí que una mujer me contara la historia y me indicara como llegar a la que era la casa de su padre (hoy hotel), un médico casado que dejó embarazada a la lavandera que les lavaba la ropa y que vivía enfrente, la casa (hoy en ruinas), en la que nació. Me hice una foto (ante la casa de la madre, la lavandera, no la del padre, el médico), pero no sé cómo se saca de la cámara, así es que no te la puedo enviar. No me gusta comprar postales, pero sí fotografiarme en las casas en las que vivieron escritores importantes, como la de Juan Ramón Jiménez en Moguer, la de Rosalía de Castro en Padrón, la de Kafka en Praga, la de Jorge Isaac en Ibagué…

            No sé por qué cuento esto… Debe ser que el sueño ya me lleva por dónde quiere… Yo aún quería hablar del Certamen Literario de Villatoya, que este año se ha retrasado y al que no sé si al final se han presentado Luismi, mi primo Pablo, Laura, Coro, Ivanna, Claudia Liliana… también del Antonio Machado, en el que me han concedido un accésit por el primer cuento que he conseguido escribir ambientado en Chile (después de mi viaje de hace ahora 7 años); se llama Cuando llegué a Chillán y es uno de mis preferidos; algunos como Mónica en Austria o Paola en Chile, ya han leído. Tampoco he contando que nos estamos cambiando de casa y que dentro de unas semanas viviremos en un ático de 250 metros cuadrados, con ventanas a los cuatro puntos cardinales y mucho encanto. No me he lamentado de no haber ido aún a conocer a las bebés de Vicen ni de no haber vuelto por la Tetería, con tanto como allí tengo que hacer. Ni me he preguntado por el embarazo de Tina. Ni he hablado de la boda de Nuria y de todo los recuerdos que reviví al verla vestida de novia, recordando cuando María, ella y yo, andábamos solos por la vida, cuando me lamentaba de que “me acuesto solo y me levanto solo”. Ni he contado de nuestro paso por Cartagena y La Manga (aunque sí se lo conté a María José, porque la estuve recordando todo el tiempo, cuando andábamos por su tierra). Ni he encontrado el resquicio por el que mencionar a Rafael Fernández, el “ezcritor”, genial; su página (de fuerte contenido erótico), obtuvo el premio al mejor blog del momento y… bueno, no te cuento más, cuando acabes de leerme (que ya me voy a la cama), pinchas en el enlace que he puesto (si no entiendes por qué te he invitado a visitar esa página, no pienses que es por el sueño… ya te explicaré el motivo).

            Un beso y… continuará.

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