Apagones

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En realidad el cumpleaños había sido dos días antes. El niño había cumplido sus primeros veinticuatro meses y el padre, con las ideas muy claras y la mirada puesta en un futuro no tan lejano, le había comprado una completa enciclopedia en "cederom". El mismo día de la fiesta se había empeñado en mostrarle todas las maravillas que el disco encerraba y el niño, que era verdaderamente inteligente, parecía haberlo entendido, aunque enseguida lo olvidó con la llegada de los vecinos, las canciones de los payasos y la tarta de colores coronada con dos velitas que se empeñaba en apagar una y otra vez con sus pequeños soplidos. Así, el niño tenía dos años y dos días cuando en los medios locales de comunicación, anunciaron que esa noche, a partir de las dos de la mañana, habría un apagón. Se suponía que la mayoría de la población estaría durmiendo a esas horas. La compañía eléctrica trataba de evitar cualquier molestia para los vecinos, pero era conveniente avisar con tiempo y que nadie pudiera alarmarse. El padre del niño recordó su infancia, cuando los apagones eran frecuentes e inesperados, cuando servían de excusa para no tener que hacer los deberes y sentarse en torno a una vela para oír contar cuentos al abuelo, el que tenía un burro, y un carro, y una boina, y tantas cosas que desaparecieron y ya no se encuentran, ni tan siquiera, en los "cederom" de las enciclopedias temáticas. Los apagones servían también para poder dormir en la cama de los padres, alegando un miedo que no era sino alborozo... O para mirar por la ventana y ver la calle vacía iluminada por la luna. El padre del niño recordaba todas esas cosas y lamentaba que su hijo no tuviera más edad o que el mundo ya no fuese como antes. El hombre se despertó repentinamente en mitad de la noche. Quiso encender la luz y no iba. Se alumbró con la linterna que había preparado por si acaso y comprobó que apenas pasaban unos minutos de las dos. Comprendió que lo habían despertado la oscuridad y el silencio: se habían apagado los dígitos que marcaban la hora en la radio despertador y en el vídeo, el piloto de la televisión... había enmudecido el motor del frigorífico y el aire acondicionado... Que todo hubiera ocurrido de golpe había sido suficiente motivo para despertarlo, aunque su mujer seguía profundamente dormida a su lado. Aprovechó la luz de la linterna para ir al baño y para mirar al niño, que dormía con placidez, bañado por la luz de una luna llena que, curiosa, se había asomado a la ventana. Apagó la linterna y siguió viendo con claridad. ¿Había visto alguna vez su hijo una luna así de grande? Es posible que no. ¡Cuántas cosas le quedaban por enseñarle! No pasaría nada porque lo despertara un ratito y se la mostrase así de sonriente, y le contara que esa luz no era propia, sino el reflejo de la que recibía del sol; le explicaría también que si no siempre la veían así de grande era por que al dar vueltas sobre sí misma y en torno a la tierra que, a su vez, también gira sobre sí y alrededor del sol, se producían las cuatro fases de llena, menguante, nueva y creciente... Quizás ahora el niño no lo entendiera pero se quedaría grabado en el subconsciente y más adelante sólo tendría que recordarlo; así no estaría de más que le explicase también la teoría según la cual la luna se separó de la tierra, para convertirse en su satélite, a causa del impacto de un meteorito; que hay una cara que nunca se ve; que el hombre pisó por primera vez su superficie en el año 1968, (¿o fue en el 69?), mejor no decir el año, o no decir nada de eso, puesto que también hay quienes insisten en que ni Aldri, ni Collings, ni Astrom, llegaron nunca al satélite, y lo que vimos por televisión aquel verano no fue más que un montaje cinematográfico con intencionalidad política... De cualquier manera, el padre se decidió a sacar al niño de su cuna y, llevándolo en brazos, acercarlo a la ventana que previamente había abierto de par en par. El niño miró atónito. Sus ojos, todavía cargados de sueño, se hicieron más grandes. Cuando el padre iba a comenzar sus explicaciones, él sopló fuertemente... y la luna se apagó. El hombre estiró el cuello. Los ojos se le salían de las órbitas, cuando miraba asombrado el espacio que había ocupado el satélite. La noche se había vuelto oscura y millones de estrellitas, antes apagadas por la luz del la luna, volvían a titilar en el firmamento. El hombre miró de nuevo al niño, volvió a mirar el cielo y otra vez a su hijo, que había vuelto a quedarse dormido sobre su hombro. ¡No se lo podía creer! Lo dejó en la cuna para que no se despertara y empezó a andar nervioso de un lado para otro, asomándose de vez en cuando a las ventanas, para comprobar asustado que la luna seguía apagada. Echó de menos un transistor de pilas, en el que escuchar si alguien más se había dado cuenta de lo ocurrido, si había cundido la alarma... Empezó a preguntarse cuáles serían las consecuencias y cual su responsabilidad, si podría descubrirse que había sido su hijo el autor del desaguisado o si, de todos modos, aunque nadie lo sospechara, él estaba moralmente obligado a confesarlo. Mecánicamente abrió la silenciosa nevera para coger una cerveza con la que refrescar la garganta que se le había quedado seca y, a la luz de la linterna, descubrió los restos de la tarta del cumpleaños. Miró fascinado el pastel, donde aún se apreciaban las huellas de las dos velitas y tuvo una idea. Volvió a coger al niño en sus brazos y regresó a la ventana. Entonces, tal y como hiciera el día del cumpleaños, le pasó el encendedor. El niño lo tomó en sus manitas, alargó el brazo hacia el lugar en el que había estado la luna y ésta, de repente, se volvió a encender. Ya se disponía a soplar de nuevo, cuando el padre le tapó la boca. "Ya no más", le dijo, "Ahora hay que volver a dormir". Y lo llevó de nuevo a la cuna, donde el niño, otra vez iluminado por la claridad del astro, continuó con su plácido sueño. El padre se rascó la cabeza y, de puntillas para no despertarlo, regresó a su cuarto. Su mujer seguía durmiendo. Él dio un respiro de alivio y se echó a su lado. La luz iluminó la habitación de repente. Había vuelto y él se había dejado encendida la lamparita de noche. Se apresuró a apagarla mientras la mujer protestaba en sueños. "No es nada, duerme". Le dijo... pero él ya no podía hacerlo.

 

                                               A quien no lo hubiera hecho, le recomiendo leer (en relación con este relato), lo publicado en la entrada anterior.

06/01/2008 15:48 Autor: ramondeaguilar. Tema: Lo que escribo.

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Autor: Fernando Dianesi

Hola señor Aguilar, felicitaciones por el relato, me gusto mucho. Di con su página buscando material sobre Caravaggio, en esa publicación usted escribía sobre "Il Caravaggio" de Enrique Trogal,. Estoy interesado en llevar al teatro la vida de ese maravilloso "personaje" y ya que usted recomienda ampliamente la obra me gustaría dar con ella; aun no lo logro, le agradecería cualquier dato que usted me pueda dar para llegar a la obra o al autor. Soy actor, uruguayo, formado en el Teatro Circular de Montevideo y actualmente vivo en México.
Le deseo un gran año y seguiré leyéndolo. gracias.

Fecha: 07/01/2008 19:01.


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Autor: Ramón

Gracias, Fernando, por sus buenos deseos y por leerme. Lo que lamento es no poder añadir mucha información a lo que ya escribí en el blog sobre "Il Caravaggio", ni sobre su autor (Enrique Trogal). Como contaba, ni siquiera sé cómo llegó el libro a mis manos y yo soy elprimer sorprendido de que la obra no sea más conocida. Lo que sí puedo darle es el nombre de la editorial (Ediciones El Toro de Barro, que está en Tarancón, en la provincia de Cuenca); aunque se trata de una publicación de 1984, tal vez les quede algún ejemplar o puedan ponerlo en contacto con el autor.
También yo le deseo un año lleno de éxitos... a ver si algún día lo vemos actuando por aquí.

Fecha: 09/01/2008 18:48.


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Autor: Roberto García

HOLA SEÑOR RAMÓN DE AGUILAR , El comentario versa sobre el post que hizo SEÑORES DE LA JUSTICIA Y DE LA LEY en el año 2006
,impresionante.... ¿esto ocurrió de verdad ? los protagonistas son reales ? la denegación existe?
Me gustaría saber algo más ... voy a enlazar esta maravillosa historia de amor en mi blog
http://inmigracionunaoportunidad.blogspot

Gracias por su sensibilidad

Fecha: 13/01/2008 22:15.


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Autor: Ramón

Muchas gracias por sus palabras, por el enlace y, sobre todo, por su excelente blog, que voy a añadir a mis favoritos.
La historia que cuento en “Señores de la Justicia y de la Ley” es literaria, pero está basada en personajes y en hechos reales; he conocido los suficientes casos como para estar convencido de que (salvando alguna imprecisión, alguna licencia literaria), podría ser real. Mi mujer y mis hijos son extranjeros y, por lo tanto, he tenido que deambular por despachos de comisarías, oficinas de extranjerías, consulados… No sólo como ser humano, también como español, me he sentido humillado cuando funcionarios pagados con mis impuestos se han inmiscuido en mi vida personal para que un juez decidiera si podía o no podía casarme con mi pareja o si mi casa tenía los suficientes metros cuadrados como para que nuestros hijos pudieran vivir con nosotros… lo expliqué en un párrafo del “post” que le dediqué a ella dentro del blog.
Por cierto, no se pierda lo que hoy (15 de enero), escribe Rafael Reig en la página 10 de “Público”, dirigido al Ministro de Sanidad, en nombre de los inmigrantes. Es muy breve. Seguro que a los lectores de su blog también les gustará.

Fecha: 15/01/2008 18:20.


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